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Periodismo para la gente

Un referéndum de pasiones encontradas

Un referéndum de pasiones encontradas

A Rodrigo Durán, un joven de 19 años, no le interesa si gana el Sí o el No del referéndum que se celebra hoy domingo 4 de mayo en el departamento boliviano de Santa Cruz. Acaba de cumplir 19 años. Y uno de sus máximos deseos era participar en elecciones; depositar con su voto el pedazo de fe que todos los bolivianos sienten y acarician en pos de encontrar un mejor futuro.

 

Pero no. En esta oportunidad, Rodrigo Durán, que trabaja como taxista, no cree que la consulta de este domingo tenga nada que ver con gente como él.

“Ese estatuto está hecho sólo para los ricos”, protesta. “Poco importa ahora si estamos bien o mal informados. La verdad es que entre unos y otros se pelean por el poder”.

 

Diferencias sin norte aparente

Esa pelea que existe entre el gobierno del presidente Evo Morales, que pretende aplicar profundas reformas sociales y el rechazo a éstas por parte de sus opositores tiene a Bolivia sumida en una crisis tan severa que no encuentra una solución.

El Gobierno de Evo Morales, a través de la Asamblea Constituyente, convocada para diseñar una Bolivia donde todos se sientan incluidos, parece haber encendido la llama de la discordia. En diciembre del año pasado, la Asamblea Constituyente aprobó un proyecto de nueva Constitución Política de Estado sin respetar las normas y procedimientos internos de la propia Asamblea Constituyente.

Frente a esa actitud, las regiones opositoras le dieron la espalda al Gobierno y se dieron a la tarea de llevar adelante sus demandas y por mano propia. Santa Cruz marca hoy el ejemplo convocando a sus ciudadanos a que acudan a las urnas para aprobar o rechazar un estatuto donde están escritas las competencias, deberes y obligaciones que tendrían que asumir sus autoridades.

Por ese motivo, desde el occidente de Bolivia se habló de que Santa Cruz, con esta consulta popular, intenta separarse de Bolivia. Pero los organizadores de este referéndum (el Comité Cívico y la Prefectura del departamento) han descartado “movimientos separatistas”.

Rubén Costas, prefecto de este departamento, dijo ayer sábado 3 de mayo en rueda de prensa, que este referéndum “es un proceso que va a unificar la diversidad del país. Esto tiene que conducir a un pacto nacional”.

 

Ausencia de auxilio legal

La única institución que podría haber solucionado a tiempo los supuestos traspiés legales cometidos tanto por el Gobierno como por sus opositores es el Tribunal Constitucional.

Debido a la renuncia de cuatro de sus cinco miembros, el Tribunal se quedó sin quórum. Y por tal motivo no puede ni emitir fallo sobre el proyecto de nueva Constitución Política del Estado así como las iniciativas autonomistas anunciadas por los departamentos donde ganó el Sí a la autonomía departamental en una consulta nacional, llevada a cabo el 2 de junio de 2006.

El Congreso de la República debe elegir por dos tercios de votos a los cinco magistrados para un periodo de diez años. El Tribunal Constitucional tiene la tarea de juzgar si las acciones de las autoridades nacionales o departamentales se encuentran dentro de la ley.

Y no lo puede hacer porque el Parlamento se ha convertido en el escenario donde se materializan (incluso con golpes y puñetes) las diferencias entre el Gobierno y sus opositores.

 

Pasiones encontradas

El Congreso, sin presencia de los opositores, convocó en febrero pasado, a dos referendos para el 4 de mayo: aprobar o rechazar el proyecto de nueva Constitución Política del Estado así como el Estatuto autonómico de Santa Cruz.

Al mes siguiente, la Corte Nacional Electoral rechazó ambas convocatorias por considerarlas ilegales. El Gobierno aceptó la resolución, pero el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas la rechazó.

El departamento de Santa Cruz, conocido ahora como la región más rica del país, ha demandado desde siempre una mayor descentralización del poder. Ha reclamado para sí la capacidad de autogobernarse, sin dejar de pertenecer a Bolivia, según defienden los impulsores de esta demanda.

Desde occidente se cree que este pedido atenta a la unidad del país. Y esas ideas encontradas se han visto y escuchado a lo largo de este 4 de mayo en todo el departamento de Santa Cruz.

Hay quienes dicen que el Estatuto autonómico debe aplicarse y acuden a los colegios de esta ciudad a emitir su apoyo con su voto. Hay también otras personas que creen lo contrario. Y no faltan las pasiones radicales de algunos que están en contra de esta iniciativa: han quemado ánforas, manifestando así su rechazo y protesta frente a lo que ellos consideran un acto ilegal.

Y en ese afán, ambas partes, Gobierno y autonomistas, se han dado a la tarea de organizar campañas (según corresponde) en contra y a favor por la aprobación o no del Estatuto autonómico del departamento de Santa Cruz.

Pero Rodrigo Durán, el joven taxista de 19 años que desea estudiar Literatura en la Universidad prefiere abstenerse. “No iré a votar, porque no es obligatorio. Me da igual que ganen ellos”, dice.

Desde que Bolivia recuperó su democracia, en octubre de 1982, nunca se ha visto que quemen ánforas de voto en rechazo a una iniciativa. Pero también cabe considerar que Bolivia, al cambiar de mando político con Evo Morales, como presidente, se ha propuesto caminar por una ruta diferente.

En busca de Macondo

En busca de Macondo

Una visita al pueblo que vio nacer a Gabriel García Márquez, premio Nóbel de Literatura. Hoy Aracataca es más conocida como Macondo. ¡Bienvenido!

Publicado en La Época, edición No. 286 -

27-05-2007- La Paz Bolivia

Don Hinaldo Benavides Hormecheas, de 52 años, mototaxista bajo contrato y buen madrugador, no se imaginó que la mañana calurosa en que fue a trabajar a las cinco y treinta, habría de buscar por toda Aracataca los rastros que dejó el escritor Gabriel García Márquez.

Su ocasional pasajero, un joven turista boliviano, lo había contratado para que recorran juntos el pueblo buscando todo lo que tenga que ver con el escritor. Supo, entonces, don Hinaldo Benavides que Aracataca había vuelto a despertar curiosidad otra vez. Aquí nació Gabriel García Márquez, premio Nóbel de Literatura. Aquí vivió con sus abuelos maternos hasta cumplir ocho años de edad. Su abuelo, el coronel Nicolás Márquez, había llegado aquí en 1910 como recaudador de impuestos.

Este pueblo puede presumir ante el mundo la fama de haber inspirado a García Márquez a escribir la novela Cien años de soledad. Un mural grande, a la entrada del pueblo, confirma esta sospecha: “Me siento latinoamericano de cualquier país, pero sin renunciar nunca a la nostalgia de mi tierra: Aracataca, a la cual regresé un día y descubrí que entre la realidad y la nostalgia estaba la materia prima de mi obra”.

Don Hinaldo Benavides, nacido en El Carmen, del departamento Bolívar, no halló tantas dificultades para guiar al joven turista en su peregrina búsqueda. Hace 16 años que vive en Aracataca. Y fue testigo desde el pasado 6 de marzo cómo el pueblo despertó con 80 detonaciones de fuegos artificiales (la prensa dijo “cañonazos”) en honor al cumpleaños de Gabo.

Aquel día, por ejemplo, vio llegar a las once de la mañana un tren pintado de mariposas amarillas trayendo grupos musicales de todos los rincones de la costa caribeña. Estas bandas musicales, llamadas aquí papayeras, recorrieron Aracataca interpretando porro y fandango, ritmos tradicionales del caribe. Todo, gracias al cumpleaños número ochenta del escritor.

“¿Por qué no vino usted a este pueblo para el cumpleaños de don Gabriel?”, le preguntó don Hinaldo al turista boliviano.

“Es que recién estoy de vacaciones”, contestó el joven.

“¿Sabe? El pueblo está un poco molesto con don Gabriel”.

“¿Y por qué?”

“No vino aquí a celebrar su cumpleaños”.

“Es que ese día, Gabo estaba en Cuba”, dijo el joven turista.

“¡Qué pena!”, contestó don Hinaldo.

En efecto, el joven turista pudo advertir que había un poco de descontento en Aracata hacia el escritor. Lo querían en el pueblo para celebrar con él esa suerte medio extraña de tener 40 años de una fama casi olvidada.

Cien años de soledad ha sacado a este pueblo del anonimato, pero con otro nombre: Macondo. Y todo gracias a la fosforescente imaginación del escritor colombiano de cuya pluma nació un mundo mágico, donde todo era posible; “un mundo donde las cosas más maravillosas eran simplemente cotidianas”, según recuerda el propio García Márquez.

Pero no todos en el pueblo sienten descontento hacia el escritor. Raúl Salad, un comerciante de 47 años, “cataquero neto”, como se autodefine, dice que don Gabriel ya cumplió su tarea. “Que ahora hagan los políticos”, sentencia. Y con esa frase tan corta pero contundente, el joven turista entiende de inmediato a qué se refiere don Raúl: a la obligación administrativa que tienen con Aracataca sus autoridades elegidas.

Por esa razón, Pedro Sánchez Rueda, el alcalde de Aracataca, propuso a su pueblo, el año pasado, añadir el nombre de Macondo para atraer turismo. Su iniciativa busca proyectar la imagen turística de Aracataca ante el mundo, aprovechando ser la cuna del escritor.

Con ese objetivo en manos, el domingo 25 de junio de 2006, se llevó aquí una consulta popular para saber si sus 21 mil habitantes registrados en el padrón electoral estaban o no de acuerdo con añadir Macondo al nombre de Aracataca. Aquel día, sólo votaron 3742 habitantes de las 7400 mil almas que se esperaba.

“Yo hubiera apoyado al alcalde en la consulta”, dice don Raúl Salad. “La vaina es que él hizo las cosas solito, sin consultar a nadie; por eso perdió. Además, en todos los países hay Macondo, y eso es gracias a don Gabriel. Por eso le digo: él ya hizo todo por nosotros”.

 

Historia

Aracataca, uno de los 20 municipios del departamento de Magdalena, cuenta con 26 mil habitantes y vive de la agricultura, el comercio, la producción y exportación de banano, desde principios del siglo pasado.

La historia dice que Aracataca (que significa Río del cacique) tiene 122 años de vida. Se fundó al margen del río por los indios catacas, “descendientes de los bravos chimilas”. Pero el desenfreno hacia el alcohol y la viruela acabó con la cultura de esta comunidad y quedó en manos de los colonos, quienes –con el paso de los años– hicieron prosperar el cultivo del banano.

La bonanza se había asentado en el pueblo. Y con la llegada de la transnacional United Fruit Company, en 1905, se trazó para siempre un camino férreo, de cuyos vagones bajó una migración compuesta por “aventureros, contrabandistas y putas”; es decir, una hojarasca que le dio fama al pueblo de un descontrol total. En 1915, Aracata recién tuvo su primer alcalde.

De esa época se desprende un cúmulo de hechos increíbles que Cien años de soledad trata de evocarlos. Por ejemplo, aún se recuerda al primer párroco del pueblo, el padre Pedro Espejo, “más célebre por ciertos milagros que por su labor pastoral”. He ahí, tal vez, el hechizo que todavía tiene este pueblo para el visitante extranjero: arranca una curiosidad natural, pues cunde en el alma el deseo de saber si en este pueblo hay mariposas amarillas, tal como ocurrió en Macondo.

Pero no, quienes pretenden buscar en Aracataca los rastros míticos de Macondo que se describen en Cien años de soledad, se llevan una decepción. Aracataca tiene el aspecto de ser otro pueblo alegre y caluroso de los que hay en Beni, Pando o Santa Cruz.

El joven turista encontró un pueblo de color verde, pues sus cuatro esquinas están llenas de árboles y de calor. El termómetro no tiene ningún problema en decirnos que caminamos bajo 35 grados centígrados, casi todo el día.

 

Polo de desarrollo turístico

En noviembre de 2001, la estudiante de idiomas, Nidia Delgado, luego de asistir a un Congreso de músicos en Santa Marta, (al norte de Colombia, capital del departamento Magdalena) retornaba en bus hasta Bogotá. Pero por problemas mecánicos, el bus hizo una parada obligatoria justo en Aracataca. Estaba amaneciendo. Y reparar el problema del bus demoraría hora y media, por lo menos. Los pasajeros aprovecharon la estadía para desayunar y conocer un poco el pueblo donde había nacido tan ilustre escritor.

“Los chicos estaban yendo a la escuela, descalzos, con sus cuadernos en mano y llevaban su almuerzo en pequeñas bolsas. La plaza de Mercado ya estaba abierta, los ancianos se acercaban a desayunar. Y luego vi que las calles de Aracataca estaban barrosas, no estaban pavimentadas, parecía un pueblo abandonado, triste… No entendía por qué el pueblito donde nació tan famoso escritor vivía en estado de abandono”, dice la joven estudiante.

Pero esa imagen, a juicio de Fabián Marriaga, ex secretario social de la alcaldía de Aracataca, pertenece al pasado. Marriaga trabajó con el actual alcalde Pedro Sánchez y aspira ahora en convertirse en su sucesor.

Y dice, por ejemplo, que quieren convertir a Aracataca en un polo turístico de desarrollo. “Sólo así, va a mejorar la calidad de vida de nuestros habitantes. No teníamos agua potable. Se está construyendo un nuevo acueducto, se está construyendo también un nuevo hospital para el municipio, con todos los requisitos que exige el ministerio de Salud”, dice Marriaga.

 

Casa Museo

La división de Patrimonio, del ministerio de Cultura de Colombia ha invertido 1.200 millones de pesos (562.851 dólares estadounidenses) para reconstruir la casa de los abuelos maternos del escritor donde vivió hasta sus ocho años.

Carolina Ortiz y Jorge Taborda, arquitectos responsables de la primera etapa de este proyecto, tienen en manos la misión de dejar hasta el 6 junio los cimientos de esta obra. Pero deben, antes, conseguir aquellos materiales originales con que se construyó esta casa. Quedan muy pocos registros fotográficos de ella, nos dicen. Y hasta ahora no han tenido mayores dificultades y están seguros de poder entregar la primera parte de la obra en el tiempo establecido.

Luego continuará la reconstrucción hasta entregarla el 10 de diciembre próximo; fecha en que se cumplirán los 25 años de que García Márquez recibió el Nóbel de Literatura. Y el 6 de marzo de 2008 se la estrenará convertida en un moderno museo.

Una vez terminado este proyecto, Aracataca espera recaudar 600 mil dólares por año. “Con este proyecto, no sólo seremos un municipio colombiano sino que nos convertirnos en un municipio del mundo”, dice Marriaga.

 

Macondo es único

Pese al supuesto fracaso de la consulta popular en Aracataca del año pasado, se puede ver por todo el pueblo carteles y pasacalles que reclaman para sí el orgullo de una fama que la historia parece haberle negado.

Don Hinaldo Benavides, le llevó al joven turista boliviano a una radioemisora llamada Macondo Stereo; le llevó a la biblioteca municipal Remedios, la Bella; le mostró la Residencia Macondo; la Unidad Médica Ambulatoria Macon Salud; la Institución Educativa Departamental mixta de Aracataca “Gabriel García Márquez”, cuyos buses escolares son de color amarillo.

Y por último, le mostró la Administración Postal Nacional “Casa del telegrafista”, lugar donde había trabajado Gabriel Eligio García, padre del escritor, que se instaló en Aracataca en 1924. Tres años más tarde, el 6 de marzo, nació Gabriel García Márquez.

En la Casa del Telegrafista hay una muestra permanente al público que, repartida sobre las paredes y en tres mesas blancas se puede conocer un poco más –y en persona– todos aquellos muebles, enseres domésticos, libros, cuadros y fotos que pertenecen a la familia García Márquez.

Entonces, el joven turista comprendió que Macondo existía sólo en su corazón, y abandonó para siempre la ambición peregrina de encontrarlo, pues tal vez mañana no tenga una segunda oportunidad sobre la tierra.

Cada quince días desaparece una lengua

Cada quince días desaparece una lengua

Una forma de hablar, oír, pensar y representar el universo por parte del animal simbólico que es el ser humano desaparece para siempre cada quince días: ese es el ritmo de extinción de las más de 6.700 lenguas que existen en el mundo. En sólo dos generaciones, según calculan los filólogos y los lingüistas, habrán desaparecido más de la mitad de estas lenguas, o, lo que es lo mismo, se habrán perdido casi 4.000 formas de decir amor.

Según la UNESCO, que celebró este miércoles el Día Mundial de las Lenguas Maternas, las lenguas son vehículos de transmisión de los sistemas de valores y de las expresiones culturales, y constituyen un factor decisivo para la identidad de los grupos humanos y de las personas,

Aún siendo un componente esencial del patrimonio viviente de la humanidad, como las define la organización cultural y educativa de la ONU, más de la mitad de las aproximadamente 6.700 lenguas que existen están en peligro de extinción.

La mayoría de las lenguas están concentradas en unos pocos países, algunos de ellos con la imagen para el profano de ser lugares con un solo idioma. Tal es el caso del hispanohablante México, que según el catálogo de la publicación especializada "Ethnologue" tiene nada menos que 297 lenguas vivas, aunque a algunas, como al uto–azteca Opata, les quedan pocas frases por pronunciar: en 1993 lo hablaban sólo once personas en el Distrito Federal y cuatro en el Estado de México.

En otros países la cifra es digna de Babel: hay 820 lenguas en Papúa–Nueva Guinea, 737 en Indonesia, nada menos que 536 en Nigeria, 427 en la India y, aunque no llega a tantas, en Estados Unidos más de 300 lenguas han sobrevivido a la Conquista del Oeste.

En algunos países la tasa de extinción es vertiginosa. Brasil, país que tiene catalogadas 235 lenguas –y probablemente alguna por descubrir– ha visto morir 47 en el siglo XX.

Las 188 lenguas vivas brasileñas –excepto el portugués y el español– sufren la gran debilidad de pertenecer a comunidades muy pequeñas y dispersas.

El tamaño mínimo de una comunidad para que se considere que su lengua está fuera de peligro es de 100 mil personas, según los lingüistas.

El chino mandarín, desde luego, no está en riesgo: lo hablan cerca de mil 200 millones de personas.

El segundo idioma más hablado, lógicamente, es la lengua franca de nuestro mundo, el inglés, con 500 millones. Le siguen el hindi, con 450 millones, el español, con 400, el ruso, con 290, el árabe con 230, el portugués con 190 y el francés con 125 millones.

En esta era de la comunicación, la Red Internet es tanto la enfermedad como el remedio. La homogeneización lingüística que promueve, según los especialistas, queda redimida por su uso como herramienta de comunicación de los grupos dispersos que utilizan su lengua madre y así la mantienen.

El 60 por ciento de los usuarios de Internet lo hacen en inglés; los siguientes, de lejos, son los hispanohablantes, en un 9 por ciento, igual que los que usan el alemán, y el siguiente "e–idioma" es el japonés.

Las páginas web están escritas, en su mayoría (80 por ciento) en inglés, en alemán el 4 por ciento y en español sólo en un uno por ciento. Los lingüistas admiten que la muerte de una lengua es un fenómeno natural en la historia de todo grupo humano. "Nadie ha podido nunca evitar la muerte de una lengua, ni mucho menos resucitarla", admite Alberto Gómez Font, de la Fundación de Español Urgente (Fundéu) .

El lingüista español afirma que, como mucho, una lengua moribunda pasa tarde o temprano "a la vitrina, al museo" de los especialistas, pero su muerte como medio de comunicación es un hecho luctuoso: "Cuando muere una lengua se muere un concepto de la vida, se muere una forma de entender la realidad". Gómez Font, de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), destaca que ya se ha superado el mal momento en que el universalismo napoleónico y la burocratización de los estados modernos veían el plurilingüismo como un problema, y se refiere especialmente a la política de unificación idiomática de Garibaldi en la península italiana.

El filólogo recuerda que, incluso recientemente, el presidente de uno de los países más ricos en lenguas autóctonas, Guatemala, se quejaba de esa riqueza por lo difícil que suponía llevar a cabo cualquier política de alfabetización.

Ahora todo ha cambiado, dice a Efe Gómez Font: "A finales del siglo XX y principios del XXI surgen los movimientos conservaduristas y ecologistas con una tendencia contraria, que consideran la muerte de una lengua como un drama y una tragedia cultural".

"Las administraciones deben invertir en la supervivencia de las lenguas", aconseja Gómez Font, y vuelve a poner el ejemplo de la Guatemala actual, donde los libros de texto se editan en multitud de idiomas locales.

"La radio también ayuda mucho a mantener viva una lengua minoritaria. En Miami, recientemente, un taxista haitiano escuchaba durante todo el trayecto una emisora en creole", cuenta Gómez Font.

Las lenguas están consideradas por la UNESCO como parte del patrimonio intangible de la humanidad, aunque hay algunos que llevan ese sentido de la propiedad un poco lejos. Recientemente un líder indigenista de Chile demandó a Bill Gates por supuesto delito contra la propiedad intelectual, después de que Microsoft anunciase su proyecto de traducir algunos programas a mapudungún, la lengua de los mapuches.

Tomado de: http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=537

Publicado en www.eluniversal.com.mx

Tiro al blanco

Tiro al blanco

La capacidad de encontrar la palabra exacta no es un asunto de inteligencia, sino de sensibilidad.

Fuente foto: tiquitito.wordpress.com/2007/10/

Ryszard Kapuscinski o la capacidad de revelar el mundo en una gota de agua

Ryszard Kapuscinski o la capacidad de revelar el mundo en una gota de agua

Hace un año que el más privilegiado ejemplo del buen periodismo cerró sus ojos para siempre. Tenía 74 años. Su nombre, Ryszard Kapuscinski. O si se prefiere, Ricardo Kapuscinski; polaco de nacimiento. Un nombre que tal vez diga poco a las nuevas generaciones que desean al periodismo como profesión.

 

 

Había nacido en marzo de 1932; en plena época de cambios políticos y luchas sociales que habrían de afectar al mundo para siempre. En enero de aquel año, por ejemplo, en Honduras se declaró la ley marcial para detener la revuelta de los trabajadores de la banana, despedidos por la United Fruit Company. Sí, la misma que viste y calza (y con el mismo antecedente) en la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

En aquella época tampoco era extraño enterarse de que el abogado Mahatma Gandhi, de 63 años, había sido arrestado otra vez en la India, por sembrar la esperanza de que su gente no sufra más discriminaciones raciales.

En febrero de 1932, Adolfo Hitler se presentaba ante la Alemania derrotada de la Primera Guerra Mundial, como candidato a la presidencia de la República, por el Partido Nacionalsocialista.

En efecto: el mundo se encontraba en la antesala de grandes cambios; cambios que luego él, siendo apenas un niño de siete años, los habría de sentir en carne propia, cuando de la mano de su familia –y sin saber en qué dirección– tuvo que dejar Pinsk, la ciudad donde había nacido, en busca de mejores días.

“Es noche cerrada y tengo mucho sueño”, escribe “pero no se me permite dormir: tenemos que irnos, huir. Ignoro adónde pero comprendo que la huida se ha convertido en una necesidad perentoria, incluso en una nueva forma de vida, pues huye todo el mundo (…)”.

La Alemania nazi acaba de invadir Polonia. La Segunda Guerra Mundial ya está ante las puertas del país. Kapuscinski fue testigo, entonces, de “cómo saltan por los aires racimos de tierra gigantescos”. Y él, con su natural curiosidad de niño, quiere ir al encuentro de ese estruendo terrible, que después aprendería a llamarlo bomba. Pero el brazo de su madre lo detiene tumbándolo al suelo: “no te muevas”, le advierte. Y mientras lo apresa contra su pecho, le dice: “Ahí está la muerte, hijo”.

Este hecho marcó para siempre la percepción del mundo en Ryszard Kapuscinski. A sus 19 años, graduado en Historia por la Universidad de Varsovia, y famoso por su habilidad de poeta, empezó a trabajar como reportero.

Sólo así, y con el paso de los años, cultivó en su trabajo la imagen de un periodismo posible para estos tiempos: narrar los hechos desde la boca y los ojos de la propia gente; nunca desde aquellos que se creen dueños de nuestras decisiones de pueblo.

Un periodismo más humano

Ése uno de los muchos legados que nos dejó: hacer que la persona humana se convierta en lo más importante de nuestra reflexión y nuestra visión de mundo; es decir, un periodismo humilde, capaz de decirnos qué ocurre con aquellas personas cuya situación –por lo general– los grandes medios y las agencias de prensa, la ven como un simple número.

Pero Kapuscinski se ha encargado también de dejarnos las claves para seguir su ejemplo. Basta con que revisemos sus libros o las entrevistas y charlas que concedió, y caeremos en la cuenta de “que trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente”.

Así, cada que asistimos a cualquiera de sus experiencias, nos da la impresión sobrecogedora de que descubrimos el mundo y nos asombramos de él, como si fuera la primera vez.

Por ejemplo, cuando estalló la guerra civil en Angola, a causa de la proclamación de su independencia en 1975, dice: “En estos días se registran muchas defunciones, porque el miedo, la desesperación y las frustraciones no cesan de cavar tumbas”.

Una imagen no vale mil palabras

Kapuscinsky ha logrado casi la perfección en toda su obra, gracias a su sinceridad. Se siente eso a través de su palabra, porque no utiliza un lenguaje rebuscado; ni se inventa palabras ajenas y complicadas a nuestra realidad; al contrario, con su sencillez, su capacidad de observación y certeza apela a que reparemos por un instante en cómo vemos el mundo que nos rodea.

Pero a su juicio, gran parte del periodismo se apoya en la equivocada idea de que “ver” es lo mismo que “entender”: “la creciente cantidad de imágenes que nos atacan constantemente limita la relación con la palabra hablada y escrita y, por consiguiente, el dominio del pensamiento”.

Su estrategia consiste en llevar a sus lectores a dónde él se encuentra. En castellano, empatía. A través de sus ojos, aprendemos a captar todo lo que nos rodea: voces, rostros, sonidos, aromas, ambiente, colores, expresiones, temperatura y sensaciones.

Esta labor le ha enseñado a comprender que “el periodista no puede ubicarse por encima de aquellos con quienes va a trabajar; al contrario, debe ser un par, uno más, alguien como esos otros, para poder acercarse, comprender y luego expresar sus expectativas y esperanzas”.

El reportaje en persona

El escritor Gabriel García Márquez, luego de haber asistido a un taller sobre crónica periodística que Kapuscinsky ofreció en la ciudad de México, del 6 al 9 de marzo de 2001, se levantó de su silla muy contento, y con un arranque natural, como es su costumbre, lo llamó “Maestro” delante de los demás periodistas.

Aquel día, supo el Nóbel que ese hombre conversador, sensible, bajo de estatura, de semblante alegre, tímido, canoso y algo calvo, era la viva imagen del Reportaje. Ese periodista polaco (cinco años menor que él) –y ahora su aliado y gran amigo– había sido la persona cuyo trabajo tanto estuvo buscando.

En efecto: Kapuscinsky cubrió en América Latina, África y Asia muchas revoluciones y golpes de Estado. Y los plasmó en veintiún libros. Pocos han sido traducidos al español, pero los suficientes como para que su autor no pase desapercibido ante los ojos del Nóbel, quien advirtió en la prosa de su colega una dimensión universal, capaz de conmover hasta las mismas piedras.

He ahí la fuerza de Kapuscinsky: un periodismo de verdad; un periodismo que deberíamos asumir como una misión, nunca como una obligación. Sólo así, este hombre que ha muerto de muerte natural, sonreirá con nosotros.

Foto: www.elpais.com

Una esperanza

Una esperanza

La humanidad es lo único humano que nos queda a los seres humanos...

Crédito de la foto: Marta Arribas, de Burgos.

Concurso de fotografía solidaria. Publicaciones Acumán.

www.publicacionesacuman.unlugar.com/fotografi...

Una tragedia que podía haberse evitado

Una tragedia que podía haberse evitado

Las terribles desgracias como resultado del azote de lluvias a los departamentos bolivianos de Beni, Pando y Santa Cruz podían haberse evitado. Después de dos meses de tanta lluvia sin control, los reportes dicen que hasta la fecha (25 febrero de 2008) hay 61 muertos, tres desaparecidos y cuatro mil familias afectadas por las lluvias.

Basta con encender el televisor a medio día para darse cuenta de tanta desgracia. Poblaciones enteras han sido tragadas por el agua. Un agua quieta, muda, pero asesina.

Los expertos dicen que esta cadena de desastres lleva un nombre: “La Niña”, “fenómeno climatológico” en cuya razón entre unos y otros se culpan por no haber actuado a tiempo.

Y en verdad, cabe admitir que todos tenemos culpa en esto: las autoridades, por no haber hecho su trabajo con la responsabilidad que se merece; los periodistas y medios de difusión, por no haber alertado a la sociedad a tiempo, sobre cómo actuar en casos como éstos. Y los mismos pobladores de las zonas afectadas, por no haber exigido con más determinación y enojo su feliz derecho a la vida; un derecho consagrado en todas las Constituciones Políticas de aquellos países que se precian de democráticos. Bolivia, entre ellos.

Y esta desgracia sin pausa no es nueva en el país. El año pasado, justo por estas fechas, otra cadena de lluvias bíblicas azotó el mismo departamento del Beni dejando a muchos en la miseria más triste que hubieran imagino nunca.

Desde aquella vez a la fecha, ha pasado un año entero. Y en todo ese año ni autoridades ni medios de prensa ni periodistas ni pobladores hemos dicho algo para elevar una voz de protesta o de preocupación frente a la desgracia eterna de enterrar a nuestros seres queridos.

Más primó una ambición de intereses políticos por hacerse dueños de un poder económico para (dizque recién) atender las necesidades de nuestras ciudades y municipios.

Y la prensa, muy de moda con lo que diga o no diga o deje de decir el poder político, se sentó a la mesa de redacción, ajena a la realidad del cotidiano vivir de quienes ya han sufrido en demasía. En resumen, no hubo empatía. Más nos ha gustado contemplar las peleas en rojo de aquellos que desean el poder más que cualquier otra cosa. Más que atender a las necesidades de sus propias regiones.

De lo contrario, Beni –por ejemplo– no estaría sufriendo tanto. Y tampoco se estarían organizando campañas (hasta fuera del país) para recolectar ayuda a los necesitados.

Los pobladores bolivianos nos encontramos en mitad de una pelea milenaria entre los vencidos y vencedores cuyos intereses no tienen otro norte que el de dominar al otro, cueste lo que cueste.

Esta última frase nos ha golpeado mucho más este último año: “a cualquier precio”, unos y otros nos quieren imponer (sea por la fuerza de un palo o por la amenaza de una palabra) un modo de vida que busca “un cambio”; necesario, sí; pero cuyo camino muchas veces se hace eco de la violencia. Y entonces pierde legitimidad.

Sólo el tiempo dirá si lo que hoy se hace vale la pena; vale la pena como para llorar, de la manera más inútil, muchas muertes y padecer tantas desgracias que podrían haberse evitado.

Foto: Periódico Pulso-Bolivia

Tras las huellas de «Ajedrez»

Tras las huellas de «Ajedrez»

Silvia Girón, una gran amiga mía, preocupada por la curiosidad insaciable y natural de su pequeño sobrino Esteban por aprender a jugar ajedrez, me pidió una sugerencia sobre cómo ayudarla en esta tarea.

La inquietud de mi amiga (que por cierto no sabe jugar ajedrez, pero que tampoco eso es un delito) me ha motivado el deseo de ir tras los pasos de la palabra ajedrez.

La historia dice que griegos, romanos, persas, egipcios y árabes lo conocieron. Los historiadores creen que el ajedrez surgió en el Indostán, de cuya época sólo nos ha quedado la palabra chaturanga, con la que nos referimos a las cuatro alas (se dice angas) del ejército indio: infantería, carros, elefantes y caballos.

Pero hay otra versión: la del poeta y cronista persa Firdusi, quien nos cuenta que el chaturanga habría llegado a Persia (lo que hoy ubicamos en el mapa como Irán) hace mil quinientos años, o sea, 15 siglos.

El chaturanga sufrió cambios: dejó de jugarse con dados y su nombre se convirtió en chatrang, al que los árabes llamarían después shatranj. Y cuando este juego llegó a España, allá se convirtió en axatraz y más tarde axedrez; bautizado así por Ruy López de Segura en su Libro de la invención liberal y arte del juego de axedrez, publicado hace 446 años, es decir, en 1561.

Pero de Irán nos llegó la mayoría de los nombres de las jugadas del ajedrez. Sha mat, quiere decir «jaque mate», y en español, «rey derrotado» o «el rey ha muerto».

Roque quiere decir torre. Y el origen de este término viene de la palabra persa rukh, que en español significa roca. Luego, los árabes nombrarían así a sus carros de guerra. He ahí el origen de enroque; jugada que nos sirve para proteger al rey con la torre de ataques enemigos. Los alfiles, a los que mi sobrina Alessandra llama deprimidos por la expresión de tristeza que siempre llevan, vendrían a simbolizar a los elefantes, es decir, el ala de los guerreros.

Pero esto que acabo de contar, creo que no le servirá a mi amiga Silvia, preocupada –como dije antes– porque el pequeño Esteban, de seis años, aprenda a jugar ajedrez. Para estos casos, lo mejor sería actuar de acuerdo a la edad del niño. Observemos, con cuidado, si el ajedrez le interesa más que cualquier otro juguete.

 

De ser así, alguien de la familia debería enseñarle. Y si es que no hay nadie –y de acuerdo a las posibilidades económicas del hogar– convendría pedirle a un instructor o a un amigo o amiga que le enseñe al niño a jugar ajedrez.

 

Es mejor evitar decirles a los pequeños que el ajedrez es un juego para personas inteligentes. Podemos acomplejarlos o despertar en ellos arrogancias nada aconsejables a su edad. Lo mejor es alentarlos a participar.

 

Ya después aprenderán que en este juego, a diferencia de las cartas o de los dados, no existe la palabra suerte, sino estrategia; es decir, cómo atacar al enemigo y luego vencer.

 

Pero la palabra estrategia será motivo de un siguiente artículo.

Fuente foto wikipedia.org